
LOS DESAFÍOS DE LA REFORMA EDUCACIONAL
La aplicación de la Reforma Educacional, plantea
una serie de desafíos al sistema escolar y al profesorado.
Esto no deja indiferente al rol del psicólogo educacional.
¿Qué exige la Reforma?
Al sistema educativo: le plantea atender la diversidad,
masificar en el sentido de poseer una cobertura que abarque
a todos los niños y jóvenes que están
en edad de ser educados, manteniéndolos dentro
del sistema. Al mismo tiempo, el sistema educativo debe
ser equitativo, reduciendo diferencias, nivelando hacia
arriba, de modo que los resultados de niños de
orígenes sociales y culturales diferentes no estén
separados de modo radical.
La escuela, además de poseer la cobertura y desarrollar
la equidad de manera que todos los niños y jóvenes
de los distintos estratos puedan desarrollar el aprendizaje
de los lenguajes y los saberes fundamentales para integrarse
a la sociedad, debe dar respuesta a una serie de problemas
que antes se consideraban propios de otras instituciones
de la sociedad como es la familia, Así es como
debe tomar parte de responsabilidad en la resolución
de la crisis valórica de la sociedad, debe asumir
como propia o al menos co-asumir la formación de
los niños y jóvenes en una serie de áreas
como son el desarrollo de la afectividad, las habilidades
sociales y otras.
Al profesorado: de acuerdo a cómo se ha desarrollado
la Reforma en nuestro país, la mayor parte de las
exigencias de ésta, han recaído en la persona
del profesor. A éste se le exige ser el ejecutor
de la atención de la diversidad. Para esto debe
conocer estilos cognitivos, sociales, estrategias de aprendizaje
y por supuesto, estrategias docentes diferenciales.
El profesor hoy día es un mediador del aprendizaje.
Eso le exige ser fuerte en su disciplina y en la interdisciplinariedad;
debe manejar profundamente el contenido de la primera
y las relaciones con áreas temáticas cercanas
con maestría. Además, su labor de mediador
le plantea la exigencia de intervenir en contextos sociales
para promover el aprendizaje resultando ser un organizador
del trabajo en equipo de sus estudiantes, enseñándoles
técnicas de trabajo grupal y de resolución
de conflictos, entre otras. En definitiva, se transforma
en un diseñador de aprendizaje colaborativo, creando
instancias para que sus estudiantes construyan significados
individual y colectivamente.
Por otra parte, el profesor está llamado a ser
experto en una serie de temas que van más allá
de su disciplina (sexualidad, adicciones, género,
cte.) Es educador de la afectividad, promotor de la integración,
atento a la diversidad.
La cantidad de exigencias que plantea hoy la Reforma
no pueden ser satisfechas por un profesional aislado.
De allí surge una nueva competencia necesaria a
ser desarrollada por el profesor: la capacidad de trabajar
en equipos interdisciplinarios. Esto conlleva la necesaria
promoción de actitudes y competencias que probablemente
no formaron parte de su formación inicial.
VARIACIÓN HISTÓRICA DEL ROL DEL
PSICÓLOGO: DE LO CLÍNICO A LO PSICO-EDUCATIVO
El psicólogo educacional, inserto en una institución
que está sometida a los desafíos reseñados
anteriormente, tiene un rol fundamental. Si entendemos
su labor como la promoción de las capacidades de
las personas, de los grupos y de la institución
misma basándose en la reflexión e intervención
sobre las interacciones, el psicólogo es un agente
de cambio al interior del sistema educativo. En ese sentido,
su rol es evaluar donde está actualmente la institución
(incluyendo a las personas que participan de ella) y adónde
puede llegar con apoyo. En palabras de Monereo (1996),
la idea es que la institución desarrolle el máximo
de sus potencialidades, estableciendo un paralelismo entre
el concepto de zona de desarrollo potencial de los individuos
en el proceso de aprendizaje y lo que sería una
zona de desarrollo potencial institucional. El psicólogo
educacional contribuiría a salvar la distancia
teórica existente entre los avances que puede realizar
una institución educativa sin ayuda o con la ayuda
de un asesoramiento eficaz.
En ese marco, el psicólogo puede y debe ayudar
al sistema y al profesorado a responder el desafío
que les implica la Reforma. Sin embargo, para ello debe
deshacerse de las antiguas investiduras de su rol tradicional
de psicólogo que resuelve problemas en una oficina
de la escuela, manteniéndose aislado del sistema.
De ser un clínico que está dentro de la
escuela, debe pasar a integrar el sistema, mirándolo
como objeto de su intervención, promoviendo el
cambio al interior de éste.
Lo anterior implica una variación en la manera
de enfocar una serie de aspectos relacionados con la intervención,
los que se modifican de la siguiente forma, haciendo un
traspaso:
• De lo individual a lo sistémico: en el que el
sujeto de intervención ya no es el individuo, sino
los procesos que se desarrollan al interior de la institución
y que van a determinar una metodología de acción
que se inicia con el análisis global de las demandas
y necesidades existentes y una valoración de la
situación que permite generar las estrategias más
efectivas para una cobertura mayor.
• De lo remedial a lo preventivo lo que consiste en poner
el foco de la intervención en la creación
de ambientes estimulantes al desarrollo de sujetos sanos
e integrados. Esto implica trabajar sobre las interacciones
entre las personas que conforman los sub-sisternas al
interior de la escuela, incluyendo a los padres. El psicólogo
ya no enfrenta tratamientos frente a las problemáticas,
sino que apoya el desarrollo del potencial institucional
a través de la participación en el diseño
planificación y aplicación de una variedad
de propuestas que van desde las políticas educativas,
análisis, evaluación y desarrollo de sistemas,
incorporación de aspectos formativos al currículum
escolar, formación y desarrollo de equipos, entre
otras.
• Del trabajo aislado al trabajo en equipo. esta mirada
trae consigo una concepción del quehacer profesional
interdisciplinario en estrecha colaboración con
otros para lograr satisfacer las demandas que plantea
la institución educativa. De este modo, el psicólogo
no es requerido para resolver problemas, sino que participa
en la co-construcción de intervenciones en las
que aporta la mirada psicológica. Cada integrante
del equipo se compromete y responsabiliza con las tareas
acordadas en conjunto. Lo anterior permite ir dando cuenta
de las exigencias que se le plantean al sistema y al profesor.
Se abordan las demandas en el trabajo en equipo, sin que
el psicólogo supla al profesor en una calidad de
experto. El efecto secundario de esta forma de abordaje
es el desarrollo paulatino de la autonomía del
profesorado y de la institución educativa.
Bajo estas condiciones es posible abordar los objetivos
transversales, las tareas de formación en general,
la constitución de trabajo en equipo de los alumnos,
el trabajo en equipo de profesores y así, las múltiples
exigencias actuales.
• Desde el foco en lo psicológico al foco en lo
psicoeducativo: lo cual implica tener la mirada en la
conducta en situaciones educativas y en las interacciones
que se producen en éstas. Esto requiere un manejo
de conocimientos, habilidades y competencias que son mucho
más amplias, Regando a incluir en forma simultánea
e integrada las prácticas actuales en Psicología
y Educación.

UN PSICÓLOGO A LA ALTURA DE LOS DESAFÍOS
El psicólogo capaz de dar cuenta de los desafíos
a que se somete el rol hoy en día, debe responder
como un mediador de la institución. Para ello debe
poseer conocimientos, habilidades y actitudes que potencien
la capacidad de la organización escolar y de los
profesores para promover aprendizajes significativos en
un clima emocionalmente gratificante para todos los miembros
que participan del proceso educativo.
En primer lugar, y considerando la necesidad de abarcar
la institución y sus desafíos corresponde
un enfoque sistémico de la realidad de la escuela,
concibiendo a ésta justamente como un sistema que
funciona con todas las características de éstos.
El traspaso de esta mirada puede apoyar el trabajo de
este profesional y de los equipos que conforme, tanto
en el planteamiento de objetivos como en la planificación
de estrategias de intervención.
Una actitud básica de la que se debe partir es
la confianza en los recursos de la institución
y las personas para desarrollarse, adhiriendo a la creencia
de la modificabilídad en todos los planos, tanto
en el nivel individual como institucional. Lo anterior
se relaciona con una concepción de la escuela como
una organización que aprende, concepto que es consonante
con los procesos de cambio impulsados por la Reforma
La actitud anteriormente mencionada es transversal a
las acciones que se desarrollan, alentando un estilo de
interacciones particulares al interior de la escuela,
que debe ser impulsado por el psicólogo, lo que
apoya los procesos de cambio y ayuda tanto a las personas
como a la institución a creer en esta posibilidad.
En relación con los conocimientos necesarios para
cumplir con estos desafíos, se pueden mencionar
aquellos que se han incorporado en los últimos
años al acervo de la Psicología. Éstos
son:
Un conocimiento de los sistemas educativos, su historia,
funcionamiento y organización, junto con estrategias
que permitan evaluarlos.
Génesis, aplicación y proyección
de la Reforma Educacional, considerando los postulados
teóricos a la base.
Conocimientos sobre los tipos de currículum y
su relación con la Reforma Educacional, la relación
entre instrucción y formación y propuestas
curriculares que dan cuenta de la integración de
éstos.
Conocimientos, desde la Psicología, que permiten
dar cuenta de la diversidad del estudiantado: modalidades
sensoriales, estilos cognitivos y de aprendizaje, estilos
sociales, estrategias de aprendizaje y los fundamentos
del enfoque constructivista sobre la forma en que los
seres humanos aprenden.
Teoría de grupos en relación con el sistema
educativo: aprendizaje colaborativo, formación
de equipos de trabajo, procesos de aprendizaje social.
Detección de dificultades en los niños
desde un enfoque de evaluación dinámica,
coherente con la creencia en la posibilidad de cambio
que todos tenemos.
En relación con las habilidades que se requieren,
es importante poner especial atención a aquellas
relacionadas con la participación directa en los
procesos propios de una institución educativa,
como son: liderazgo, capacidad de convocatoria, habilidades
de manejo efectivo de grupos, capacidad de toma de decisiones
y delegación de funciones, manejo de estrategias
de resolución de conflictos, autocontrol (para
el manejo y regulación de los impulsos emocionales),
adaptabilidad para manejar el cambio, proactividad (para
la toma de iniciativas que guíen o faciliten la
obtención de las metas aprovechando las oportunidades
para ello), capacidad para el trabajo en equipo, considerando
que al interior de éste debe impulsar la sinergia
necesaria para alcanzar las metas colectivas, habilidades
en la comunicación que permitan escuchar abiertamente
y transmitir mensajes claros y convincentes y una capacidad
para generar oportunidades de crecimiento y desarrollo
de la diversidad de miembros de la comunidad.
Finalmente, es importante decir que ninguno de los conocimientos
y habilidades puede lograr su propósito si no existe
una clara concepción del rol que se juega en la
institución, acompañando ésta de
una actitud mediadora, en el sentido de transformarse
en un agente que logre filtrar la diversidad de estímulos
y experiencias a los que está sometida la organización,
para lograr darle el sentido, intencionalidad, significación
y trascendencia que son necesarios para que las experiencias
educativas cotidianas se transformen en oportunidades
reales de aprendizaje y desarrollo de habilidades para
la vida en todos sus miembros.

FUNCIONES DEL PSICÓLOGO EDUCACIONAL
Como una síntesis de lo planteado, se realiza
una descripción de las funciones posibles del psicólogo
educacional inserto en el sistema educativo hoy:
• Creación y seguimiento de equipos de trabajo:
la estructura básica para el logro de los objetivos
está dado por equipos que trabajan en pos de éstos
mismos. El psicólogo puede ayudar a su conformación
y desarrollo, para luego otorgar la necesaria autonomía.
• Asesoría a los líderes formales de la
institución en la conformación de equipos
de trabajo: se refiere al trabajo realizado con los directivos,
jefes de departamento y otros líderes formales
en pos de la conformación y desarrollo de sus equipos
de trabajo.
• Intervención en el mejoramiento educativo: esta
función está relacionada con la participación
del psicólogo educacional en equipos multidisciplinarios
preocupados de adecuar las situaciones educativas a las
características individuales y grupales de los
alumnos y docentes. Dichos equipos apoyan técnicamente
la labor del profesor tanto en su actividad general (adaptación
de programas, organización del entorno, métodos
de enseñanza aprendizaje, creación y aplicación
de programas de sexualidad y otros) como en la atención
a alumnos o grupos de alumnos con necesidades educativas
especiales, a través de la propuesta de adecuaciones
cuniculares, procedimientos de atención, y otros.
El psicólogo aporta la mirada y el conocimiento
propio de su disciplina a las mencionadas problemáticas.
Parte de la función que el psicólogo ejercía
tradicionalmente como era la atención de niños
considerados con dificultades disciplinarias, de adaptación,
de aprendizaje, se puede enmarcar en un contexto dado
por la intervención en el mejoramiento educativo:
connotando las situaciones en el marco de la atención
a la diversidad y discutiendo estrategias para que los
docentes puedan manejarlas en el ámbito natural
en el que ocurren. Esto es la sala de clases, la interacción
grupal.
• Atención a las necesidades educativas especiales:
la función aquí se focaliza en la detección,
prevención y propuestas de intervención
que permitan una claridad en tomo a las características
del niño con necesidades especiales, las modificaciones
que requiere el sistema para adaptarse a sus requerimientos
manteniendo sus objetivos y características y el
desarrollo de alternativas de solución que eviten
la discriminación. Esta es una labor realizado
en conjunto con otros profesionales como son los psicopedagogos,
curriculistas jefes de Unidad Técnico Pedagógica
y otros).
• Asesoría familiar: el trabajo aquí se
orienta a promover en la organización la información
y formación de los padres en el apoyo al desarrollo
integral del niño y la promoción de intervenciones
para mejorar las relaciones entre las familias y la escuela,
impulsando la participación familiar en los objetivos
de la comunidad educativa.

DISCUSIÓN
Todo psicólogo que haya participado en instituciones
educativas, sabe que las demandas de los sistemas son,
la mayoría de las veces, muy diferentes a las que
resultan de la concepción del rol planteadas en
el presente articulo. Muchas veces los sistemas piden
un "psicólogo educacional" pero a la
hora de asignar tareas, éstas resultan propias
de un clínico inserto en el sistema.
Lo anterior ocurre, a nuestro modo de ver, porque las
unidades educativas y el sistema educativo, en general,
desconocen sus necesidades en relación con el rol
del psicólogo educacional. Como resultado de ello,
le atribuyen una serie de poderes respecto a problemas
del sistema y le plantean la expectativa de que "él"
0 "ella« los solucione en forma aislada al
mismo sistema y a través de capacidades que se
supone que «él" o "ella" debe
poseer. La concepción del colegio respecto al psicólogo
es la de un «mago sin magia", como bien ha
señalado Palazzoli (1993).
Por otro lado, y paradójicamente con todo ese
poder atribuido, el psicólogo también es
considerado un ignorante, un advenedizo en los terrenos
de la educación. No es el que está en la
sala de clases, no sabe de pedagogía, no sabe lo
que es estar con los niños de a treinta o cuarenta
o cincuenta por vez. Y, en cierta forma, tienen razón.
Tienen razón, porque no es el experto en pedagogía,
el experto es el profesor.
La única forma, entonces, de enfrentar los desafíos
y demandas de la situación educativa es la reflexión
conjunta en equipos de trabajo con las características
de los que se han mencionado, en los que psicólogos,
profesores y otros profesionales de la educación
unen fuerzas, evitando así las escaladas simétricas
de incompetencia.
Este es un camino que se debe trazar. El cambio requiere
una modificación de la cultura de las escuelas
respecto al rol del psicólogo y ello debe ser promovido
por los psicólogos mismos.